Mariflor Salas: El perfume del Maestro

Coral universitaria Simón Bolívar

Mariflor Salas es ingeniera de materiales (USB), traductora científica e intérprete dedicada al apoyo de la comunidad hispana e inmigrante en EE. UU. Formada en el seno de una familia andina profundamente musical, integró la Coral Universitaria Simón Bolívar (CUSIB) y la Schola Cantorum de Caracas bajo la dirección del maestro Alberto Grau. Tras radicarse cerca de Boston, ha volcado su versatilidad en diversas agrupaciones de música antigua y contemporánea, combinando una sólida trayectoria profesional con una entrañable pasión coral que define su vida y su constante vocación de servicio.

Rosella Cordone
Por: Rosella Cordone

Mi mejor amiga

La Universidad Simón Bolívar y nuestro ingreso en la CUSIB

Érase una vez un aula en el edificio MYS de la Universidad Simón Bolívar, en un lejano mes de septiembre del año 1975. El escenario: una clase de matemáticas (probablemente la primera del trimestre) con el profesor Morales Vergara. Al terminar la sesión, la muchacha sentada delante de mí se voltea y me pregunta, con cara un poco alarmada: «¿Tú entendiste algo?». Mis ojos espantados deben haberle dado la respuesta. Siguió una invitación a estudiar juntas. [ella] «¿Dónde vives?» [yo] «En Sebucán, ¿y tú?» [ella] «¡En la Urbanización Santa María!». O sea: éramos prácticamente vecinas. Ella (de 17 años) en ese entonces no manejaba y yo (de 18) tenía varios meses al volante, por lo que en seguida y llena de júbilo le ofrecí la cola diaria a Sartenejas.

Así nos conocimos Mariflor y yo. ¡Qué maravilla para las dos! ¡Qué maravillosa oportunidad nos ofreció la vida cuando nos sentamos en pupitres adyacentes en esa clase! En poquísimo tiempo nos hicimos entrañables amigas. 

A las dos nos encantaba cantar y en nuestros largos trayectos diarios a la Universidad te seníamos siempre la radio puesta con los cantantes populares de la época, a quienes acompañábamos con pasión desenfrenada. 

Agustín Pulgar. Coralista de la Universidad Simón Bolívar en los años 70 y 80.
«Por la importancia que ha tenido Agustín reclutando y transportando gente para los coros»

En algún momento de nuestro primer trimestre nos encontramos con Agustín, quien nos invitó a la CUSIB. Nosotras aceptamos encantadas. Nuestro primer ensayo fue en enero del 1976, en la Plaza Venezuela. De esa experiencia todavía recuerdo la extraordinaria química del grupo y algunas piezas: Animam meam dilectam de Tomás Luis de Victoria, Ay que el alma se me sale de Carlos Guastavino (esa como que no la cantamos mucho…), las corales 5 y 35 del Oratorio de Navidad de Bach, la maravillosa voz de Pedro Stern cantando Piedra y camino de Atahualpa Yupanqui. Quedamos totalmente cautivadas en un solo ensayo. Al final, Alberto se nos presentó y nos agarró una mano a cada una. Las dos –embelesadas– decidimos que nunca nos lavaríamos la mano que había tocado nuestro eminente director… 

Pasaron los meses y, con ello, la CUSIB fue terminando de cementar la profunda amistad entre Mariflor y yo. Tratando de repasar con la memoria el medio siglo que llevamos juntas, me vinieron a la mente algunos recuerdos anecdóticos. 

Las giras

En algún momento del 1976 hicimos una gira a la UNELLEZ (Barinas), que acababa de ser inaugurada. Alberto había compuesto la música del himno, y el profesor Oscar Pirrongelli, la letra. Quizás algunos de ustedes recuerden la primera estrofa: “Con vigor nuestro brazo levante…”  (con letra alternativa e inmencionable del Ing. B. Anderson). Unos momentos después de que empezamos a cantar el himno, en el auditorio de la Universidad se fue la luz y el coro se quedó en las tinieblas. Pasado el primer susto, Mariflor y yo nos agarramos fuertemente de la mano para recordarnos que allí seguíamos, la una al lado de la otra. Todos continuamos cantando como si nada, en la plena oscuridad. Después volvió la electricidad y el público nos aplaudió calurosamente. Irónicamente, una de las estrofas decía «Hay un hombre sin luz en su hogar». ¿Habrá sido a propósito el apagón? Nunca lo sabremos.

En los primeros meses del 1977 nos llegó una invitación a participar en el homenaje a la Reina Isabel con motivo de su vigésimo quinto aniversario. El festival se celebraría en Aberdeen, Escocia. De allí nos iríamos a Inglaterra y por último, a Cataluña. ¡Qué emoción! Pero por varios meses no teníamos ni idea de cómo ni dónde conseguir los fondos para financiar semejante viaje de 50 personas a Europa. Hasta que un día nos encontramos a Vicente Tinoco, quien nos anunció victoriosamente: «¡Nos vamossssssssssssss!». El Hipódromo financiaría el viaje. 

La emergencia coral

Con desbordante entusiasmo y ahínco, nuestra familia cusibista comenzó a prepararse para esa nueva aventura. Justamente en camino a uno de los ensayos previos a la gira, Mariflor y yo estábamos atrapadas en una tranca en la Autopista del Este. Yo zigzagueaba entre los canales tratando (inútilmente, por supuesto) de ganar tiempo para no llegar tarde al ensayo y así evitar la cólera de nuestro director. En uno de esos cambios de canal, venía un motorizado de esos que se aparecen de la nada y mi Fiat le dio un toquecito a la moto (que más bien era como una motoneta). En menos de medio minuto nos rodeó el enjambre amenazador de la mafia motociclística caraqueña. Uy. Mi compañera Mariflor decidió disolverse en su asiento de copiloto, supongo que en un intento por hacerse invisible. Lo cual me dejó a mí sola la tarea de enfrentar a estas avispas que se materializaron para defender a su pobre compañero, que por supuesto no había sufrido ninguna lesión (el único daño de nuestro “serio impacto” fue una pequeña abolladura en la pata de la moto). Yo, de pequeña talla pero enorme insensatez (característica frecuente de los jóvenes), con voz autoritaria y plañidera me puse a inventarle al hombre que se nos estaba muriendo alguien en la Plaza Venezuela y que teníamos que acudir de emergencia. Que si él quería, que nos siguiera y nos encargaríamos de resarcir sus supuestos daños en lo que llegáramos. Por supuesto el hombre se nos pegó con epoxi y nos acompañó con su irritante zumbido hasta nuestro destino. Una vez en el estacionamiento mandamos a llamar a nuestros protectores coralistas y, en primera plana, aparecieron Bernardo y Salomón –ambos tesoreros para la gira y con efectivo disponible– junto con muchos otros compañeros. ¡Aleluya, éramos quórum! Qué alivio. Salomón le echó un vistazo a la motoneta, decretó que había sufrido daños ínfimos y le entregó al hombre un billete de… ¿50 bolívares? (que en ese entonces era una cantidad considerable). El abejorro aceptó y partió, bastante menos envalentonado. Gracias a nuestra hermandad cusibista, Mariflor y yo también salimos ilesas del episodio.

La vida después de la CUSIB

La última vez que cantamos juntas fue en la gira del 77. Como siempre éramos inseparables y compartimos momentos espectaculares y encuentros inolvidables; llantos de felicidad y también de pesar (conmemorando al Orfeón de la UCV y cantando Dolça Catalunya); aplausos de espectadores británicos que nos miraban atónitos porque nos mecíamos al unísono a pesar de que cantábamos complicadas armonías y sincopados ritmos. Dolores de garganta, gripes, bronquitis, brebajes con miel y limón (gajes del oficio cuando se canta todos los días por mes y medio)… Esas 6 semanas de música y compañerismo constituyen el momento más maravilloso de mi vida. 

Después del viaje, Mariflor no siguió cantando en la CUSIB de Leonardo Panigada sino que se dedicó a terminar sus estudios de Ingeniería de Materiales. Por mi parte, seguí cantando hasta que me gradué de Química en 1980 y al año siguiente me vine a hacer posgrado en la Universidad de Stanford (en la Bahía de San Francisco, California). Y aquí me quedé.

Vida profesional. Rossiflor

Durante los años en que ella seguía en Caracas y yo estaba aquí, nos escribíamos frecuentes y densas cartas a mano alzada y agradecíamos a Ipostel cuando las recibíamos. En el año 1989 Mariflor se mudó a Boston y conoció al ángel que la acompaña hasta el día de hoy: su esposo Eduardo. Para ese entonces yo estaba dedicada a tiempo completo a la traducción –más que todo médica– y, a los pocos años, ella también comenzó a hacerlo. Fue más o menos en 1993 que empezamos a trabajar en equipo. Yo traducía y ella revisaba, o viceversa. Nuestro cliente principal nos agarró mucho aprecio y nos bautizó «el equipo Rossiflor» (y nosotras refinamos el asunto y agregamos a nuestro vocabulario el adjetivo “rossifloreado” para describir el estatus de nuestras traducciones). Ya que ella vive en Boston y yo aquí, hacer un equipo que trabaja intercambiándose archivos es ideal: no tenemos que compartir ningún espacio, aparte del cibernético. A partir de entonces trabajamos juntas, inseparablemente. Rossiflor ha tenido una enorme suerte de compartir la misma ética de trabajo y responsabilidad, el afán la puntualidad, distintos conocimientos técnicos complementarios y una excelente educación monjil que nos inculcó el respeto por la gramática de nuestro hermoso idioma. 

Además, hace unas décadas Mariflor empezó a dedicarse a la interpretación y trabaja activamente con bufetes de abogados, escuelas y empresas para ayudar a los hispanohablantes que han venido a este país a buscar una mejor vida y que aún no dominan el inglés. Es una intérprete muy especial que va mucho más allá de lo que se espera de estos profesionales, y es increíblemente solicitada por su gran empatía, que facilita la comunicación con los inmigrantes, y su deseo de proteger a los que tienen menos suerte que nosotras. 

Cachetepegado

El canto coral es y será siempre una de nuestras máximas prioridades. Las dos hemos seguido cantando continuamente, y las enseñanzas de Alberto nos han ayudado a aprendernos las piezas en tiempo récord y a distinguirnos por cantarlas con pasión y guáramo. Aunque no hemos tenido la oportunidad de cantar juntas todavía, seguimos intentándolo. Por mi parte, después de llorar inconsolablemente a mi CUSIB por 5 años, por fin logré romper el luto y, en el año 1988, ingresé a un coro de música antigua en la Universidad de Stanford. Sigo cantando con ellos, sin interrupciones, casi 40 años después. Por su parte, Mariflor ha participado en numerosas y variadísimas agrupaciones corales de alta categoría. Es muy solicitada en muchos coros de Boston y alrededores, por su gran experiencia y nutrido repertorio musical. 

En nuestros primeros 50 años de amistad hemos compartido TANTO: siempre ayudándonos y apuntalándonos, pendientes la una de la otra; siempre las primeras en llamarnos para contarnos cosas buenas y menos buenas, pedir consejos, ofrecer una voz amiga ante algún enemigo. Juntas hemos encarado miedos, diagnósticos, decepciones y pérdidas, y nos hemos regocijado con nuestros mutuos logros, triunfos y, cada vez que nos vemos, agregamos una foto más a nuestra “Galería de las Cachetepegado”. Espero que nuestro segundo medio siglo sea igual de maravilloso. 

Mis palabras no bastan para expresarle mis gracias a la vida por regalarme a Mariflor, y a la CUSIB por brindarnos el broche de oro que plasmó nuestra indeleble amistad. De vez en cuando soñamos en que algún día seremos vecinas otra vez… así volveremos a ser inseparables compañeras de cuerda, reviviremos los celestiales sonidos de nuestra juventud y de nuevo cantaremos –entre muchas otras piezas– las corales 5 y 35 de Bach (que después de 5 décadas todavía nos sabemos de memoria).

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Redactado en Hayward, CA el 19 de abril de 2026, con infinito agradecimiento y un nudo en la garganta.
Rossella Cordone
  • Contralto de la Coral Universitaria Simón Bolívar (1976-1981). Schola Cantorum (1979-1981). Early Music Singers, Universidad de Stanford (desde 1988).
  • Licenciada en Química, Universidad Simón Bolívar, 1980. Doctorado Universidad de Stanford, 1987.
  • Traductora especializada en el área médica.

A continuación los invitamos a ver el vídeo testimonial de Mariflor en el cual nos cuenta de una forma muy amena y emotiva sus orígenes y vida familiar, su vínculo con la música coral y el Maestro Grau y el nexo afectivo con sus amigos coralistas de toda la vida.

El vídeo tiene el aporte musical original de Miguel Ástor (1958-2026), destacado compositor, pianista, musicólogo, director coral y docente, y sobretodo amigo entrañable de CUSIB Global.

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