Nuestra familia arrullada desde siempre por el canto coral

Al terminar el concierto la primera pregunta a la familia era: ¿Qué te pareció?

Y como desde la salida del camerino, eran muchas las caras de felicidad, se nos ocurrió pedirles una respuesta que pudiéramos compartir en un Bloguetín. Y tenemos dos medios. Textos (hoy) y VIDEOS (pronto).

Hoy nos escriben los siguientes asistentes presenciales al concierto:

Y allí, mezclados entre los hijos, algunos de nosotros que no pudimos aguantar las ganas de escribir algo.

(leer con paciencia porque hay mucho que contar)(Pero vamos en dos partes)(Hoy y Pronto)

Irene Pirca García

Lo primero que sentí al entrar al auditorio fue esa alegría, compromiso y camaradería extrema que ya venía percibiendo desde hacía semanas y que mi mamá transmitía en continuación y sin hacer mucho esfuerzo.

Esa emoción e ilusión de estar todos juntos compartiendo, una vez más, esa magia colectiva que siempre ha estado latente pero que en los últimos años se ha intensificado un poco más, probablemente por la pasión innata a la música, por la camaradería sincera y contagiosa que han creado, o por el deseo de mantener vivo un espacio de arraigo tan especial, en gran contraste con un contexto actual tan particular de cambios continuos y transformación.

El concierto, más allá de la dimensión artística que nos ofreció – sublime de por sí, representó mucho más que eso.

Para mí fue un testimonio de resiliencia colectiva pura. La pasión, el compromiso, y las ganas de seguir creando juntos momentos mágicos y de auténtico gozo luego de tantos años, e indiferentemente de la distancia y las circunstancias particulares – por no decir complejas, de muchos de sus miembros es sin duda alguna admirable, pero más aún realmente inspirador.

Desde la primera canción, ese fue el mensaje y la actitud que transmitieron, al menos para mí. Como formación grupal, como individuos, como ejemplo de  vida… chapeau y gracias!

Jorge Casanova Ferrando:

Loreley Ferrando, Jorge Casanova F, Nerio Casanova

Los conciertos de la cusib han sido momentos muy especiales desde que tengo memoria. En todo momento han sido reencuentros con mi país, mis tradiciones y las personas que me rodean. Estando fuera, he aprendido a valorarlo aún más  y son ahora momentos para recordar que existe una parte que sigue en Venezuela y nunca se olvida. Espero que sigan siendo muchos los años que estos conciertos se mantengan porque para muchos, más que un evento es un recordatorio de lo que representa ser venezolano.

LA FIESTA, por Raimundo Mussa

Después de tantas frases hermosas y plenas de sentimiento que se han publicado sobre el II Encuentro CUSIB Global / Madrid 2022, no debería atreverme a escribir sobre mi experiencia en el evento. No creo que pueda igualar lo dicho, pero lo hago tal vez obedeciendo a una necesidad de reflexionar más que a otra cosa.

Desde mi regreso, no dejo de pensar en un tema de Serrat con aquello de… “y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas.  Vamos bajando la cuesta que arriba en mi calle se acabó la fiesta.”

En esta resaca que no cesa, me siento como haber estado en una dimensión onírica, un espacio-tiempo surreal, donde por unos días el afecto se podía palpar en las reuniones y la armonía nos envolvió a todos día a día.  Tuve la sensación de haber ingresado en una especie de máquina del tiempo asombrosa, donde retrocedimos todos 40 o más años para tener veinte una vez más;  esa sensación es muy especial y sobrecogedora en todo sentido. Nos sumergimos todos en la vulnerabilidad de la amistad sin barreras y el amor por la música, tal como lo pronosticaba el tema de la convocatoria: Voces que abrazan.

Así pues, rejuvenecidos por esta magia de la emoción, nos encontramos en cada ensayo para dar lo mejor de nosotros (o debería decir: lo que aún nos queda…) una vez más bajo la conducción de estos increíbles maestros.  Comparando con otras experiencias corales, creo que lo que hace único a nuestros grupos es la manera como estos genios musicales nos obligan a despojarnos de cualquier coraza y así descubrir nuestra esencia humana, forzándonos a entregarnos y sucumbir al sentimiento de lo que estamos cantando, bien sea música sacra o una cumbia. Esa entrega se funde con la del director propia, para hacer que la audiencia no pueda permanecer indiferente ante lo que recibe. 

Así pues, otra evidencia de este rejuvenecimiento fue nuestro concierto. De manera sorprendente, las voces regresaron y la sonoridad del coro fue la misma de nuestros días universitarios.  Fue un placer ya casi olvidado, seguir otra vez esas manos elocuentes de Alberto o dejarse arrastrar por el torbellino de vitalidad y fuerza de María. Con mucho regocijo, experimentamos ese legado en las nuevas generaciones de directores, con la clarísima y apasionada conducción de José Mena.  Y claro, algún purista apuntará que hubo minúsculos errores, entradas omitidas, una que otra nota calada, pero lo que me pareció verdaderamente inestimable fue la experiencia misma de haberlo hecho juntos una vez más, con ese entusiasmo casi adolescente. A fin de cuentas, la perfección del resultado no es lo realmente importante, el haber dado el corazón en los ensayos y en el escenario es lo valioso. Por otra parte, a juzgar por los aplausos, los pequeños desatinos fueron opacados por la brillantez de nuestras voces.  

Lo más maravilloso y revitalizante fue el aspecto humano.  No puedo sino estar agradecido con el universo por haber tenido la dicha de ver a tanta gente querida, de quien la vida en su transcurrir, nos ha mantenido distantes.   No menos extraordinario es el hecho de haber podido re-conocer a muchos de los compañeros con quienes no tuvimos mucho contacto en la primera vuelta, gente que ‘estaba presente’ en nuestros ensayos juveniles, pero con quienes no nos dio tiempo de conectar más profundamente.   Esta oportunidad fue valiosísima para re-encontrar a esos amigos queridos, que estaban tamizados por los perversos velos que a veces la cotidianidad impone.  El gozo se multiplica además al haber podido descubrir gente nueva con quienes hicimos conexión inmediata a través de los pentagramas que compartimos.  Todo este júbilo no hubiese sido posible si el evento no hubiese estado impecablemente organizado; todo en su correcto lugar y en el tiempo preciso, enmarcado por una alucinante ciudad, hasta el clima fue benevolente, en fin, una experiencia inolvidable.

Culmino como empecé, pero ahora discrepando del poeta Serrat, si, se hace camino al andar pero la senda andada se ha de volver a pisar con futuros encuentros similares; hemos abierto la trocha para un espacio de amistad y música por el cual transitaremos siempre.

Cecilia y Milagritos Mariño Giménez, hijas de Milagro Giménez.

Milagro, Milagritos, Cecilia.

Hola a todos!!!

Somos Cecilia y Milagritos,  las hijas de Milagro Giménez.

La vida de mamá y por supuesto la nuestra siempre estuvo muy ligada al Orfeón.  Martes y jueves mamá siempre llegaba tarde a casa de sus ensayos en la Universidad y todos los sábados eran dedicados a los ensayos en el Teresa Carreño y después continuaba nuestro día con algún paseo o una visita familiar.  Las horas que pasábamos en el teatro mientras mamá ensayaba eran muy divertidas, conocíamos cada una de las salas, disfrutábamos de las áreas verdes, muchas veces almorzábamos  en el cafetín. Era un privilegio escuchar conciertos, instrumentos,  ensayos,  ver ensayos de ballet clásico.  Nuestro tiempo ahí  fue muy enriquecedor, siempre participábamos en cuanta actividad se organizaba. Mamá no le decía que no a nada, y por supuesto nosotras dos ahí siempre con ella y con sus “Hijos del Orfeón” como cariñosamente los llamaba.

Fueron muchos años, viajes, paseos,  conciertos, ferias de navidad, parrandas navideñas, fiestas, matrimonios, cumpleaños, hasta le cantaron al papa Juan Pablo II, Etc.! Mamá conoció muchos países gracias a las giras que hizo con el orfeón, cuantas vivencias en esos viajes, siempre que nos reuníamos se escuchaban las anécdotas de esos viajes llenos de tantas alegrías, como reíamos al escuchar y revivir esas historias. Milagritos viajó en sus 15 años con el orfeón a Europa y dentro de Venezuela viajamos mucho también con ellos!

Que hermandad tan bella, que unidos, que buena vibra se sentía entre todos!!! Gracias chicos! Gracias por formar parte importante de nuestra familia, de nuestra infancia, guardamos hermosos recuerdos que hoy en día atesoramos mucho más!!! Gracias por querer tanto a su “Mamá Mila” como cariñosamente llamaban a Mamá! Gracias por ser nuestros hermanos!

Milagritos vive en Miami y me llamó justo en el canto común, cuando escuchamos “Cantares” no pudimos evitar las lágrimas y esa sonrisa que se escapa al pensar en nuestra amada madre…

Gracias a todos los que trabajaron por tan especial concierto.

Gracias María y Alberto por ser siempre tan especiales con nuestra mamá una mujer que los admiró muchísimo  y que siempre estuvo agradecida por tantas enseñanzas, por tanto amor dedicado al orfeón y a cada uno de sus muchachos. Ella se llenaba de orgullo por sus grandes maestros porque fueron pieza fundamental en su vida como orfeonista. Recordamos cuando estudiaba para los exámenes de las piezas antes de los viajes, cuanta dedicación le ponías mamita, le costaba mucho sobretodo esas piezas donde integraban aplausos y movimientos, como luchabas y eras tan feliz cuando lograbas ese puesto para viajar con tus hijos!!!

Te amaremos por siempre!!!

Cecilia y Milagritos

“Todo pasa y todo queda”

Yolanda Fuenmayor, ProDoc

Más de 3 décadas han transcurrido.

Uno se reencuentra con los amigos de antaño y los mira con los ojos de ayer, los abraza con el amor de siempre…

Sin embargo no somos los mismos, cada uno ha tenido sus propias vivencias, sus triunfos y fracasos;

 A algunos uno los descubre aún más felices.

Muchos tienen otros sueños, otras prioridades, otra ideología, otra visión del mundo.

Ya no somos los mismos; pero al ensayar juntos, al cantar juntos de nuevo volvemos a ser lo que fuimos: jóvenes, inmortales, llenos de vida, de sueños y de futuro.

La música y el canto coral nos abrazan, nos hermanan, nos igualan y nos transportan en el tiempo y el espacio.

Al ensayar el himno de nuestra querida USB muchas emociones se agolparon y no pude contener el llanto…

¿Cuándo volveré a verlos? ¿Cuándo a cantar juntos?

Siempre he pensado que el orfeón  me dio vida y esperanza.

La gratitud es infinita.

Me siento con la urgencia de llegar a contactar a todo coralista que pasó  por las aulas de la USB para que se reencuentren, para que tengan el goce de volver a cantar juntos y revivir esos momentos inolvidables compartidos años atrás.

La magia y la amistad nos acompañan para siempre.

Adriana Sarmiento-Bourdy

“CON TODOS”

Cantar juntos y sentir la misma emoción conocida multiplicada a la “n” potencia por el valor que ha tomado, con la consciencia del tiempo, el misterio de la vida y la posibilidad de estar ahí, unidos en un mismo suelo, contentos.

Sentir “con todos” un solo sonido aupado por voces milagrosamente “vecinas” que me dan fuerza para participar con ganas a la creación de ese espacio invisible que es la música: ese lugar adonde los egos se nos disuelven y nos volvemos “cuerdas” del instrumento musical de esos artistas que se atreven a pararse enfrente para que, según el pana caraqueño, “cesen los partidos y se consolide la unión”: ¡en el canto coral eso no es ficción!

Sembramos la sala con sonidos que vienen de lugares recónditos y de nuestras sonrisas más profundas. Nos reencontramos en un abrazo natural de miradas, cuerpos, sonido y voz. Nos sentimos mejores al cantar “con todos”: con los que están presentes afuera y los que aún cantan desde adentro de nuestro corazón. Ahí no falto nadie: todos los que estuvimos cantamos con los de allá. Y ahí no se fue nadie: todos seguimos flotando en el Universo y resonando conscientemente suspendidos en una canción con los de aquí, los de allá y del más allá.

Quedamos convencidos que siempre hubo y habrá canto y voz. Creamos un espacio adonde cielo y tierra se suspenden en el infinito mientras vibra, paralelo a las canciones, el “himno de la alegría” en el interior. Ahí traspasamos con la voz las fronteras de lo material, de la inmigración, del abuso de poder, las huelgas; la falta de presencia, dinero, salud o Amor. Todo se disolvió durante el concierto con el fuego sagrado del corazón.

En Madrid 2022 por segunda vez sucedió: los mismos tres grandes artistas haciendo magia y multiplicando vida con un instrumento enfrente que existe aún, que somos tú y yo. Ahí los sonidos quedaron grabados en nuestros cuerpos y van con nosotros a los hogares distantes donde vivimos, que ahora son más completos porque comprobamos con cada nota, que nunca nada nos separó. 

Descubrimos que el tiempo de la música no pasa, sino que vibra siempre en cualquier rincón del camino adonde la vida nos llevó. Seguimos “de cara al viento” y hemos por fin conseguido “la claridad del sol”.

“Gracias maestros y amigos de la vida originales”

Adriana Sarmiento-Bourdy

Sebastian Mendoza Giannotti

“I’ve heard my mum talk about how much she loved her University choir for years but it wasn’t until I saw the video of them all performing together that I understood why it meant so much to her.

Mum and I have sung together in choirs before and I guess I just assumed that it would be the same thing, but it wasn’t just singing, there was a palpable connection I saw in that video that I hadn’t seen in my mum before. I think it’s so special that she got to perform with these lifelong friends again, especially because the music she was making with this choir came from her soul. When I saw them singing together I understood that this is who she is and why she carries this part of her life with her into all the music we make here in Australia. Seeing her perform has given me a new perspective of what music means to my mum and how she can influence the music we make together and I’m very proud of the performance that she and the rest of the choir were able to put on after so many years away from one another”

Sebastian Mendoza Giannotti, from Adelaide, AUSTRALIA

Esta fue la reacción de mi hijo, Sebastián de 19 años, después de ver en Youtube el concierto de Voces que Abrazan. En lo personal fue un honor y un privilegio haber tenido la oportunidad de cantar otra vez con este grupo de gente queridísima. No solo fue una reconexión con mis amigos de la vida, sino también con mi venezolanidad.

Nahyemir Giannotti

Alina Agüero

Cómo describir lo que ha pasado? Cómo explicar las ganas de seguir juntos y de no separarnos nunca? No sé hacerlo. Solo sé que la vida me ha dado un gran regalo. Me lo dio allá por enero del 75 pero no me di cuenta. Empecé a sospechar algo cuando ya, fuera de Venezuela, sentí la necesidad de ir a Vaison en el 80, y luego a Namur en el 82. Y de Estrasburgo en el 85 no me tuve que mover, pero dejé mi tesis y mi familia abandonada por una semana. Mucho más tarde fui a Mendrizio. El año pasado empecé a vislumbrar la magnitud de los sentimientos que albergo por mi coral y mis maestros; el encuentro del 2021 hizo que se desbordarán. Sentí que volvía a tener 20 años, sentí que mis compañeros coralistas eran mi familia y me dí cuenta que he estado añorando todo esto desde que me fui.  Y cuando el Maestro dijo que quería otro reencuentro este año,  me asusté por ese dicho de que “segundas partes nunca fueron buenas”. Pero no es verdad!  Cómo transmitir las emociones que sentí cada vez que veía y abrazaba a una de esas caras tan queridas, o de cantar el Encobijao abrazados, o sentir que los que no vinieron también estaban conmigo, o de conocer a tanta gente bella a la que le pasó lo mismo que a mí y con la que ya me siento unida para siempre. Cómo explicar que cuando estamos juntos, nos transmitimos energía y alegría, y también se las pasamos a todos los que nos escuchan. No sé cómo hacerlo, pero si sé que quiero más, el  año que viene, y el siguiente, y el otro, y el otro…